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Yo escribo porque tengo coraje

by Carlos Ponce Meléndez on July 3, 2020 - no comments


YO ESCRIBO PORQUE TENGO CORAJE

¿A poco no te pasa? A veces quieres escribir una historia que se te ocurre y que te parece genial pero cuando te sientas y la comienzas a escribir piensas: pero qué pendejada estoy diciendo, esto es una mierda, ¿a quién le va a interesar este cuento? Yo por eso mejor ya no pienso. Mejor me siento con un lápiz y papel en blanco y comienzo a poner palabras a lo loco. Al rato, si tengo suerte, me sale una frase sabrosa, algo que me deja sorprendido, y pienso ¿cómo no se me había ocurrido esto antes? A la mejor soy un genio. Entonces sigo escribiendo, desarrollando mi idea hasta que me siento tan entusiasmado que digo, esto está muy bueno para tratarlo ligeramente, mejor aquí lo dejo pues tengo que pensar más, elaborar mejor mi historia, aquí tengo algo gordo, voy por buen camino. Es como si la responsabilidad de escribir una chingonería me pesara demasiado y no quiero echarla a perder, me da miedo dañar mi cuento y para hacer las cosas como se debe, siento que debo tomar un descanso, ver mi escrito con calma, estudiarlo. Así lo hacía Tolstoi, o Kenzaburo Oe, o quién sabe quién, pero era algún escritor famoso, lo leí en alguna revista, así que decido seguir ese consejo y me pongo a ver algún concurso bobo en la televisión, o sigo leyendo el libro de Bolaño que no puedo acabar. Al otro día cuando me siento a seguir con mi relato caigo en cuenta de que no sé cómo seguirle. ¿Para qué lo deje ayer? Qué bruto, como que se me fue la onda, y por más que me paso un buen rato sentado tratando de seguir con mi inspiración de ayer ya no la encuentro. Soy un pendejo. Entonces me acuerdo de la plática del Dr. Lamond que vi en un documental en la tele de cómo superarse para conseguir todo lo que uno quiere. Bueno, según el tal Lamond, no hay que insultarse uno mismo, si uno mete la pata y comete un error, hay que echarle la culpa al universo, o a nuestros padres, o al sistema educativo, pero nunca a nosotros mismos porque entonces nos deprimimos y con ello lo único que hacemos es hundirnos aún más en nuestro abismo. Y para colmo de los males ni le hacemos ningún favor al mundo pues ya hay muchos deprimidos y locos por todos lados, los únicos que salen ganando son los psicoanalistas que viven de los aplatanados y las farmacéuticas que tienen ganancias fabulosas vendiéndonos píldoras para la melancolía y el apachurramiento. Es un chingón ese Lamond, y no andaba tan errado en eso de que la culpa de sentirse jodido es de los padres o de las escuelas. A mí por ejemplo, mi madre me acomplejó vistiéndome con pantalones cortos para mi primera comunión. Todos mis primos se burlaron de mí y a escondidas el desgraciado de Manuel me dijo que se necesitaba ser joto para ponerse pantalones cortos. Total, que años después resultó que él es el que salió homosexual, el primero en la familia, al menos que se sepa. Pero bueno, el caso es que lo de los pantalones cortos me debe haber traumado; yo sacaba buenas notas en la escuela porque quería ser violinista, pero desde ese día se me quitaron las ganas. ¿Cómo vas a salir tocando el violín en el teatro? me preguntó Manuel; vas a ser el único músico enseñando las piernas y así nadie se va a fijar en tu música por estar viendo tus piernas de gallina.  No, ya de grande ya no voy a usar pantalones cortos, le contesté, pero Manuel insistió: Yo oí decir a mi tía Chela que ella te va a obligar a usar pantalones cortos porque así se usa en París y ella quiere que sigas la moda de Francia para presumirle a sus amigas. A la mejor la culpa de mis fracasos no es de mi madre sino del idiota de mi primo. Se aprovechaba que era un par de años mayor que yo para burlarse de mí y atormentarme constantemente. A la mejor debería escribir un cuento sobre él, le sé muchos chismes y le puedo encajar otros más, claro que no lo identificaría por nombre para no echarme a mi tía Cuca encima, no way, mi tía me mata si sabe que hablo mal de su chulo. Pinche tía, de plano cree que parió a un santo y que además es un galanazo. Yo creo que por eso su Manuelito le salió maricón. Sí, de plano voy a escribir una novela basada en la vida de Manuel, lo puedo ubicar en Paris para que mi tía no sepa que estoy escribiendo sobre su hijo, pero voy a poner suficientes pistas para que mi primito de mierda y sus amigos sepan que se trata de él. En lugar de que sea bailarín clásico lo voy a poner a bailar música ranchera que él odia tanto, y su novio que es italiano va a ser un mejicanote bigotón, prieto y panzón para que se pudra de coraje, ja, ja, ja. Ahora sí encontré una historia que me motiva y no voy a parar hasta terminarla pues ya me anda por ver la cara de Manuel cuando la lea, esto se llama inspiración divina, esto se llama escribir para cobrarme algo de lo que me debe la vida. Como dice Orhan Pamuck: yo escribo porque tengo coraje, mucho coraje. Ahora lo entiendo y yo también escribiré para saldar cuentas con los que me jodieron de niño, con los policías corruptos que me han detenido tantas veces para sacarme dinero por faltas de tráfico inventadas, con los políticos rateros que se quedan con el dinero para hacer escuelas, con los gringos que nos robaron la mitad de nuestro territorio y nos invadieron cuando se les pegó la gana, pero sobre todo con el pinche Manuel que me quitó mis ilusiones de ser violinista y se burlaba de mí. Pinche mundo loco, ahora va la mía.


EL CEREBRO DE LOS POETAS

Los poetas tienen cerebros raros
de formas amorfas y caprichosas.
Sus células son de colores cambiantes
y sospechosas según los psiquiatras.

La información que pasa por
las neuronas de los poetas
se transforma en material ilógico,
confuso y tóxico para el status quo.

En el cerebro de los poetas
una casa puede ser un castillo o una prisión,
una flor pasa a ser el infinito o el centro del universo,
una mujer se convierte en una diosa o en piedra preciosa de inusitada dureza.

Los cerebros de los poetas no son de confiar,
los gobernantes los odian, los conformistas los rehuyen,
y ni los mismos poetas se tienen fe
pues no saben lo que sus cerebros son capaces de crear.

Los cerebros de los poetas son caprichosos,
no siempre producen poesía
pero cuando lo hacen cambian al mundo,
irritan al tirano, expanden la realidad.


COMO EL CATARRO

Como el catarro, en el momento más inoportuno de mi vida,
mi enamoramiento de ti llegó sin advertencia.

Como el catarro, me haces llorar,
apenas me dejas respirar y tienes mi mente congestionada.

Quisiera quedarme en cama y no ver a nadie,
ninguna medicina me cura ni aminora mi dolor.

No me dejas trabajar, leer o pensar,
tomo muchos líquidos para sacar tu recuerdo de mi mente.

Pero es inútil, cada día me siento peor, me duele
todo el cuerpo, la garganta me raspa de tanto repetir tu nombre.

Recétame, tonifícame, cúrame, o mátame
pero no me dejes con esta fiebre ardiente.


MIEDO

Tengo miedo de perder mi trabajo
de enfermarme
de no saber qué hacer con el tiempo
de quedarme pelón

Tengo miedo de decir algo estúpido
de no tener seguro médico
de quedarme sin amigos
de que el mecánico me engañe

Tengo miedo de vivir en vano
de perder la memoria
de enamorarme perdidamente
de ponerme calcetines de diferente color

Tengo miedo de escuchar y no entender
de no tener con quien platicar
de hablar y no decir nada
de que el cajero se quede con parte de mi cambio

Tengo miedo de rezarle al dios equivocado
de no enamorarme nunca
de no saber si soy feliz
de comprar zapatos que van a ser rebajados mañana

Tengo miedo de vivir con miedo
de ser, de no ser
de caminar sin llegar
de caminar sin saber cuándo parar.


CON MI IMAGINACIÓN

Con mi imaginación he creado galaxias, universos,
he destruido dioses milenarios
y he creado otros que nadie imaginaba.

Con mi imaginación he acabado con dictaduras y tiranos,
he fundado utopías maravillosas y perfectas
y he hecho feliz al pasado y al presente.

Con mi imaginación he tenido más amantes que cualquier sultán
y más riquezas que todos los reyes juntos,
he procreado hordas de santos, monarcas y sabios.

Con mi imaginación he acabado con el tiempo,
he inmortalizado microbios y parias,
y con mi imaginación me he quedado solo.


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