{"id":1161,"date":"2023-03-03T21:46:03","date_gmt":"2023-03-04T05:46:03","guid":{"rendered":"http:\/\/alternativepublications.ucmerced.edu\/?p=1161"},"modified":"2023-03-03T21:46:04","modified_gmt":"2023-03-04T05:46:04","slug":"san-martin","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/alternativepublications.ucmerced.edu\/?p=1161","title":{"rendered":"SAN MART\u00cdN"},"content":{"rendered":"\n<p>Como de costumbre las hermanitas acud\u00edan al pen\u00faltimo paradero del \u00f3mnibus para ir sentadas. La idea de exponerse a ser manoseadas en un veh\u00edculo hinchado de hombres morbosos les produc\u00eda escalofr\u00edo. Las frases palpitantes de Do\u00f1a L\u00e1urea, su abuela, agudizaban su nerviosismo e inculcaban un sentimiento aterrador:<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u201cEn el Per\u00fa no se respeta a la mujer\u2026y mucho menos esos desgraciados callejoneros\u2026 plebe\u2026chusma\u2026sarta de pechugones\u2026 hay que tener mucho cuidado siempre\u2026les gusta decir asquerosidades y tocar a las mujeres donde no deben\u2026 \u00a1Sinverg\u00fcenzas!\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u201cS\u00ed, Mamita\u201d, dec\u00edan las j\u00f3venes.<\/p>\n\n\n\n<p>Se sab\u00edan de memoria la ruta al colegio, pensaron que el imaginarse invisible evitar\u00eda un encontr\u00f3n nefasto con la deshonrada conducta de sus compatriotas. A ninguna mujer, por mala que sea, le gusta que le metan la mano hasta llegar a la vulva solo para apret\u00e1rsela con fuerza hasta hacerla llorar, se dec\u00edan. El desaf\u00edo de la juventud, no obstante, era m\u00e1s fuerte que el pavor y no les impidi\u00f3 tomar el riesgo m\u00e1s costoso de su inmadurez. Las palabras de Do\u00f1a L\u00e1urea cayeron en el vac\u00edo para las hermanitas conforme tramaban la experiencia m\u00e1s apasionante de su joven vida: conocer El Buque, uno de los callejones m\u00e1s antiguos de Lima, cuna de las tradicionales jaranas criollas donde vibraba la esencia del pa\u00eds. Llamado as\u00ed por su arquitectura, el solar quedaba al doblar la calle y sobresal\u00eda por sus tres largos e interminables pisos, un aut\u00e9ntico desaf\u00edo al tiempo y a los terremotos, albergue de los m\u00e1s humildes de Lima.<\/p>\n\n\n\n<p>La tarde que se desviaron para visitar a \u00c1ngela, una compa\u00f1era de colegio que hab\u00eda faltado al colegio varios d\u00edas por sufrir de asma, ser\u00eda soleada y c\u00f3mplice de su haza\u00f1a. El alivio de no verse obligadas a tomar transporte p\u00fablico aquel d\u00eda apacigu\u00f3 su ansiedad mientras que el asistir al colegio solo medio d\u00eda les daba la oportunidad de tomar una tregua del perenne recelo y la ilusi\u00f3n de emprender su primera aventura a un lugar legendario. Aun con el menosprecio que los inquilinos de tales viviendas inspiraran en familias como la de su bisabuelo, el Coronel, las adolescentes se maravillaban de los cuentos de callej\u00f3n, comunidades trabajadoras donde la confraternidad reinaba al igual que la rufianer\u00eda. Do\u00f1a L\u00e1urea se olvidaba que cuando habitaban en la casa de los rosales, toda la servidumbre proven\u00eda de estos lares. Con frecuencia \u00c1ngela les hablaba de su mundo, algo queles parec\u00eda fuera de lo com\u00fan y hasta las llenaba de espanto. So\u00f1aban con ver las casas de vecindad de un solo ca\u00f1o, alineadas a lo largo de un corredor infinito, presencia nacional que su bisabuelo nunca pudo aceptar.<\/p>\n\n\n\n<p>Hab\u00eda varios solares cerca de la casa del cercado donde les toc\u00f3 vivir tan solo cinco a\u00f1os mientras esperaban que el gobierno militar les devolviera la usurpada casa de los rosales. El callej\u00f3n de las Siete Pu\u00f1aladas; El Buque; Los Pericotes; Matamandinga; Los Guitarreros.Pululaban y se las hab\u00edan arreglado para sobrevivir lindando entre s\u00ed con las familias de anta\u00f1o por toda la ciudad de Lima.<\/p>\n\n\n\n<p>Con cierta iron\u00eda, Rosal\u00eda y su hermana mayor reconoc\u00edan que la Ciudad de los Reyes ten\u00eda su sentido del humor, pues se proclamaba igualitaria en algunos aspectos: hab\u00eda lugar para todo el mundo. Se preguntaban con frecuencia el porqu\u00e9 de la omisi\u00f3n de lo popular en los libros escolares, su invisibilidad en la participaci\u00f3n nacional al igual que la falta de atenci\u00f3n de escritores renombrados hacia una poblaci\u00f3n que vibraba dentro de un mismo coraz\u00f3n. De aqu\u00ed su curiosidad por cruzar a este mundo coexistente al de ellas.Cuando se hicieron mujeres entendieron la causa: la igualdad social no era una preocupaci\u00f3n para los suyos, al contrario, maldec\u00edan su existencia. Ellas, en cambio, se sent\u00edan seducidas ante la idea de tirarse a lo desconocido.<\/p>\n\n\n\n<p>Por medio del Coronel, se enteraron del papel que familias como la suya hab\u00edan tenido cuando se trataba de la formaci\u00f3n del verdadero peruanismo. Alegaba la falta de inter\u00e9s que los peruanos modernos demostraban por desarrollar una conciencia hist\u00f3rica propia, constantemente les atribu\u00eda indiferencia y tedio, sintiendo un profundo resentimiento despu\u00e9s de lo que hab\u00edan pasado en el conflicto b\u00e9lico. Seg\u00fan \u00e9l, sobre los h\u00e9roes del Pac\u00edfico hab\u00eda ca\u00eddo la tarea de reconstruir un pa\u00eds devastado por una guerra vencible si no hubiera sido por la cobard\u00eda de compatriotas traidores y la ambici\u00f3n chilena. A medida que Rosal\u00eda escuchaba a su bisa, pensaba en la iron\u00eda de la llamada ocupaci\u00f3n ocurrida poco despu\u00e9s del golpe militar. Por suerte para todos, el Coronel hab\u00eda fallecido antes de la infame mudanza.<\/p>\n\n\n\n<p>Para los viejos criollos, el famoso hacinamiento era motivo de urticaria nacional, enigm\u00e1tico fantasma asociado con la confianza excesiva, la vulgaridad al hablar, la falta de delicadeza y la familiaridad innecesaria que simbolizaban un pasado sin t\u00edtulo ni m\u00e9rito propio, identidad que se rehusaba a perecer de la vida cotidiana. Para el bisabuelo, los pobres no ten\u00edan otra alternativa que habitar estos desag\u00fces humanos donde la delincuencia, el arroz con frijoles, y el ca\u00f1o p\u00fablico, acompa\u00f1ados de una exacerbada devoci\u00f3n por San Mart\u00edn de Porres, el moreno levitante, eran su fuente de supervivencia. No obstante, el antiguo callej\u00f3n lime\u00f1o se incrust\u00f3 en el coraz\u00f3n de Rosal\u00eda de por vida, pues hab\u00eda dejado cicatrices que ard\u00edan de un momento a otro. Cosmopolita, invadida por un ej\u00e9rcito de aut\u00f3matas con iPhones, sicarios adolescentes, supermercados gag\u00e1 y centros comerciales llenos de tiendas de marcas impronunciables, Lima se renovaba sobre las ruinas de El Buque, universo que ella y su hermana hab\u00edan cruzado en sus j\u00f3venes a\u00f1os, en el mismo lugar donde ahora se impon\u00eda una soberbia empresa de transportes, yuxtaponiendo una capa m\u00e1s en una historia sin fin.<\/p>\n\n\n\n<p>Do\u00f1a L\u00e1urea no permit\u00eda que sus nietas fueran al colegio sin antes pasar por una inspecci\u00f3n cuidadosa del uniforme. Se aseguraba de que llevaran el jumper azul marino planchado, los pliegues n\u00edtidamente descansando sobre las rodillas, la blusa blanca de manga corta almidonada y como una patena de limpia, los zapatos lustrados como espejos, las medias azules estiradas hasta el borde de la rodilla con esmero sin asomar un indicio de piel. Como broche de oro, el infaltable poncho rojo se manifestaba como una manta sobre los cuerpos diminutos, recordatorio de la bandera de su gran pa\u00eds.<\/p>\n\n\n\n<p>Partieron a la una como de costumbre para cumplir su turno diurno. Miraron a la derecha y a la izquierda, haciendo de cuentas que divisaban el detestado colectivo. Continuaron.<\/p>\n\n\n\n<p>Al llegar a la esquina de su casa en el Jir\u00f3n Huancavelica, las hermanas se detuvieron para asegurar su invisibilidad una vez m\u00e1s y voltearon en el Jir\u00f3n Angaraes. Poco antes de llegar al t\u00e9rmino de la cuadra se hallaron a la entrada del famoso lugar: tres pisos infinitos que llegaban al cielo, dilatado corredor desafiante, el colosal barco viviente las invitaba a cruzar un universo sin l\u00edmites. Embelesadas ante la presencia de la monumental construcci\u00f3n, echaron una ojeada al plebeyo t\u00fanel y se quedaron inmovibles en el port\u00f3n, absortas por la cadena de aberturas en serie del panal de abejas misterioso que estaban a punto de penetrar. El \u00fanico conductor de agua del vecindario en el centro de la vivienda ten\u00eda cara de pocos amigos y amenazaba con delatarlas. Como herramienta de salvaci\u00f3n, la gruta de la Virgen del Carmen a la entrada les proporcion\u00f3 sosiego y valor para seguir. \u00c1ngela viv\u00eda en la parte del fondo.<br><br>Hab\u00eda hombres parados al pie del port\u00f3n con la \u00fanica meta de acorralar a las mujeres que pasaban por el medio. Al verlas, se acercaban primero, les murmuraban al o\u00eddo piropos inmorales e inmediatamente ven\u00edan los apretones de senos y las metidas de mano, siempre y cuando la mujer fuera bien repartida. Acosar a una mujer en lugares populares como \u00e9ste en aquel entonces era cosa de todos los d\u00edas. Por ser medio escu\u00e1lidas y no tener ni curvas ni senos protuberantes, las hermanitas no llamaban la atenci\u00f3n ni ameritaban un piropo asqueroso. A los quince a\u00f1os no eran diosas voluptuosas como muchas alumnas del instituto comercial al que asist\u00edan y cuyos novios las esperaban en el paradero para consumar travesuras a escondidas. Aparte de tener tablas de plancharen lugar del ideal cuerpo de guitarra que toda peruana anhelaba, el p\u00e1nico inspirado por su abuela se encargaba de mantenerlas lejos de los hombres.<\/p>\n\n\n\n<p>Se las hab\u00edan arreglado para pasar por desapercibidas y se dirigieron hacia el final sin olvidar las plegarias, como si estuviesen cruzando un horizonte dantesco. A medida que recorr\u00edan el gran pasillo de la nave humana, los inquilinos se amontonaban ante la presencia de Rosal\u00eda: sobresal\u00eda. Esto no les impidi\u00f3 desviarse de su destino y continuaron caminando, pese al triste contraste entre ellas y los pasmados que las ve\u00edan pasar. Les temblaban las piernas al caminar y cuando pensaban haber detectado el n\u00famero cuarenta y siete, las intercept\u00f3 una figura conocida: Do\u00f1a Julia, la lavandera de su abuela.<\/p>\n\n\n\n<p>Do\u00f1a L\u00e1urea sol\u00eda burlarse de Do\u00f1a Julia a sus espaldas, remed\u00e1ndola al sonre\u00edr ya que solo se le ve\u00edan los dientes inmaculados como un alabastro. Dec\u00eda que la morena se hab\u00eda ganado el cari\u00f1o de su patrona por su amor al trabajo y su honestidad, pues se jactaba de no sucumbir ante la mentira. Con una actitud sospechosa las interrog\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u201cJ\u00f3venes, \u00bfUstedes qu\u00e9 hacen aqu\u00ed? Este lugar es muy peligroso. \u00bfSu abuelita sabe que han venido o se han hecho la vaca\u201d?<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u201cDo\u00f1a Julia, buenas tardes, vinimos a ver a una compa\u00f1era del colegio que est\u00e1 enferma. De aqu\u00ed nos vamos al colegio\u201d, contestaron trepidantes en un\u00edsono y titubeando.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s del inicial saludo, se quedaron calladas a medida que la inquietud les inundaba el coraz\u00f3n, sospechando que, gracias a la fiel lavandera, su abuela se enterar\u00eda de su escapada. Se despidieron. De inmediato Do\u00f1a Julia se quit\u00f3 el mandil mugriento que llevaba, y se dirigi\u00f3 a la calle esforz\u00e1ndose por mantener el equilibrio entre su desmedido busto y sus piernas cortas mientras esquivaba con torpeza los piropos inmorales de sus acechadores. Divisaron a \u00c1ngela saliendo de su casa para darles el alcance y con una sonrisa transparente, las intercept\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u201c\u00a1Qu\u00e9 lindo que pudieron venir a verme, amigas!\u201d&nbsp; se regocijaba la morena de diminuta contextura.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u201c\u00a1C\u00f3mo no \u00edbamos a venir a verte, Angelita, \u00a1si te extra\u00f1amos tanto!\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Mar\u00edjen, la mam\u00e1 de \u00c1ngela les invit\u00f3 arroz zambito. Era una mujer sufrida y serena, maravillosa y solidaria con el pr\u00f3jimo, pr\u00f3jimo que muchas veces llegaba en llanto a su casa despu\u00e9s de haber aguantado una paliza del marido borracho y el dinero del alquiler despilfarrado en la pulper\u00eda del chino de la esquina.<\/p>\n\n\n\n<p>Seguida la breve, aunque entra\u00f1able visita, el hermano de \u00c1ngela las acompa\u00f1\u00f3 al paradero para que tomaran el \u00f3mnibus al colegio. Tuvieron una tarde ideal, pensando en el lugar descrito como desde\u00f1able por su abuela, era fuente de solidaridad arraigada y pureza de coraz\u00f3n. Al igual que el Coronel, Do\u00f1a L\u00e1urea prohib\u00eda las visitas de gente de color a su casa, pero las adolescentes se las arreglaron para conservar la amistad de \u00c1ngela a trav\u00e9s de los a\u00f1os porque su compa\u00f1erita era su pa\u00f1o de l\u00e1grimas. Apenas salieron de la \u00faltima clase, sus miradas se atravesaron sin querer, compart\u00edan un extra\u00f1o presentimiento que domin\u00f3 su pensar hasta llegar a la entrada de la quinta. Saludaron a los vecinos con intranquilidad y se apresuraron a entrar en su casa.<\/p>\n\n\n\n<p>El \u00fanico m\u00e9rito que Rosal\u00eda y sus hermanos reclamaban era el de provenir de una familia noble y empobrecida. Su abuela se encargaba de recordarles que eran biznietas de un Coronel de infanter\u00eda reconocido durante la Campa\u00f1a de la Bre\u00f1a por su servicio a la patria, guerrero que luch\u00f3 cuerpo a cuerpo contra los chilenos. Do\u00f1a L\u00e1urea guardaba con celo los documentos sobre la vida militar de su padre, escritos por su hermano, el famoso historiador que lleg\u00f3 a ser director general del Archivo Hist\u00f3rico del Per\u00fa. Sus descendientes no olvidar\u00edan su pasado ya que los nuevos lime\u00f1os desconoc\u00edan la verdadera historia de estos hombres, cosa que les herv\u00eda la sangre a los viejos criollos<em>. <\/em>Por esto estaban prohibidas de hacer amistades en el barrio. Gracias a los infortunios de la vida, la abuela se hab\u00eda visto obligada a mudarse de Pueblo Libre donde yac\u00eda su palacete a un barrio popular como el Cercado de Lima:<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u201c\u00a1Estos peruanos nuevos son todos chusma! No saben ni de d\u00f3nde vienen ni a d\u00f3nde van\u2026 tu bisabuelo est\u00e1 enterrado en la Cripta de los H\u00e9roes junto al resto de los h\u00e9roes del Pac\u00edfico revolc\u00e1ndose de la verg\u00fcenza\u2026 \u00a1Qu\u00e9 pa\u00eds, Ave Mar\u00eda Pur\u00edsima! \u00a1No se enteran de nada\u201d!<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u201cS\u00ed, Mamita\u201d dec\u00edan las nietas en coro.<\/p>\n\n\n\n<p>Entraron en la casa sin sorprenderles ver a la lavandera parada al pie de la puerta como una impenetrable muralla al lado de su abuela. Tratar de dar una explicaci\u00f3n en ese momento ser\u00eda en vano. Primero ven\u00eda el pre\u00e1mbulo:<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u201cUn pajarito me ha dicho por ah\u00ed que hoy llegaron tarde al colegio\u2026\u201d, dijo la anciana fijando su mirada en la de Rosal\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u201cFuimos solo un ratito a ver a nuestra amiguita que estaba enfermita, Mamita\u201d, contest\u00f3 su hermana mayor con la voz quebrantada por la zozobra.<\/p>\n\n\n\n<p>San Mart\u00edn, el l\u00e1tigo de cuero constituido de tres ramas, emerg\u00eda con lentitud. Previamentemantenido en agua caliente por cinco minutos para maximizar su eficiencia, era el \u00fanico instrumento disciplinario utilizado por su abuela. En un acto de desesperaci\u00f3n, las j\u00f3venes empezaron a api\u00f1arse, t\u00e1ctica que utilizaban para competir con el depurado sistema de su abuela, m\u00e9todo que lleg\u00f3 a perfeccionar gracias a las interminables palizas: sintieron los primeros efectos del castigo en las piernas, seguidos por los brazos; hab\u00eda que proteger los \u00f3rganos. Latigazos van. Latigazos vienen. S\u00faplicas van. S\u00faplicas vienen. Nada. Ya no por favor. Las marcas surg\u00edan con ligereza y la sangre se mezclaba lentamente con las l\u00e1grimas con timidez. Ay, pena, penita, pena. En un instante de conciencia, Rosal\u00eda levant\u00f3 la vista para ver a Do\u00f1a Julia: ten\u00eda la cabeza agachada y las mejillas mojadas. Parec\u00eda muerta en vida.<\/p>\n\n\n\n<p>No hab\u00eda a d\u00f3nde voltear, se encontraban acorraladas en una esquina por la inmovible lavandera, compinche que resguardaba aterrorizada posibles escapes. Los azotes cesaban cuando las laureanas manos se rend\u00edan ante el cansancio y la culpa se asomaba. Una vez ejercido el castigo, declaraba sentencia:<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u201cEso les pasa por desobedecer a su abuela. Espero que no pase m\u00e1s y que me pidan perd\u00f3n ma\u00f1ana. Ahora se van al patio hasta que sea la hora de acostarse\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Las adolescentes caminaron lenta y cautelosamente con la intenci\u00f3n de no hacer ning\u00fan movimiento que reanudara los azotes. Cuando llegaron sollozantes y abrazadas al lugar m\u00e1s fr\u00edgido de la casa, se quedaron quietas hasta que su abuela se acordara que las hab\u00eda dejado a su suerte. Las noches invernales en Lima eran lentas para llegar, pero despiadadas una vez asentadas, y las hermanas hab\u00edan descubierto que, al acurrucarse, formaban una alianza irrompible; esperaban que las cicatrices desaparecieran conforme el est\u00edo de sus almas anunciara su presencia. Despu\u00e9s de todo, \u201cEl tiempo lo cura todo\u2026\u201d dec\u00eda Rosal\u00eda. \u201cHasta el odio\u2026\u201d contestaba la mayor. Le imploraban al Dios de su abuela que el plazo entre una paliza y otra fuera cada vez m\u00e1s largo.<\/p>\n\n\n\n<p>Los castigos cesaron despu\u00e9s de una ca\u00edda causada por un zapato de tac\u00f3n que intempestivamenteapareciera en medio de la sala en camino a flagelarlas, art\u00edculo que provoc\u00f3 el tropez\u00f3n. Aunque las nietas tuvieran que sobarle las piernas a la abuela con talco antes de la comida para aliviarle el dolor, aquella tarde fue la m\u00e1s feliz de su vida: en su juventud, los tacones pasaron a ser los favoritos de las j\u00f3venes en agradecimiento por haberlas salvado.<\/p>\n\n\n\n<p>Do\u00f1a Julia renunci\u00f3 al d\u00eda siguiente.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Como de costumbre las hermanitas acud\u00edan al pen\u00faltimo paradero del \u00f3mnibus para ir sentadas. 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Las frases palpitantes de Do\u00f1a L\u00e1urea, su abuela, agudizaban su nerviosismo e inculcaban un sentimiento aterrador: &#8211; \u201cEn el Per\u00fa no se respeta a [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":40,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[1],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/alternativepublications.ucmerced.edu\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1161"}],"collection":[{"href":"http:\/\/alternativepublications.ucmerced.edu\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/alternativepublications.ucmerced.edu\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/alternativepublications.ucmerced.edu\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/40"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/alternativepublications.ucmerced.edu\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1161"}],"version-history":[{"count":4,"href":"http:\/\/alternativepublications.ucmerced.edu\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1161\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1167,"href":"http:\/\/alternativepublications.ucmerced.edu\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1161\/revisions\/1167"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/alternativepublications.ucmerced.edu\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1161"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/alternativepublications.ucmerced.edu\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=1161"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/alternativepublications.ucmerced.edu\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=1161"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}